Sobre «La política internacional de las grandes potencias» y la guerra de Ucrania

Sobre «La política internacional de las grandes potencias» y la guerra de Ucrania

En La política internacional de las grandes potencias se describe cómo los Acuerdos de Minsk de 2014 no han logrado solucionar la problemática de Ucrania ni mitigar las inquietudes rusas, por razones de seguridad nacional, que afectan al conflicto más relevante del espacio postsoviético.

La invasión rusa, producida el pasado 24 de febrero ante la negativa occidental de negociar el estatus de Ucrania y sin que el presidente ruso esperase hasta la cumbre con Joe Biden, han venido a confirmar la certeza de este análisis. El discurso del presidente ruso de ese mismo día planteó como causas un abanico de razones que irían desde las tradicionales preocupaciones por la posible ampliación de la OTAN hasta elementos de naturaleza identitaria, que parecen, a priori, justificaciones para la guerra destinadas al consumo interno.

Las reacciones estadounidense y europea parecen consolidar el acompañamiento de un discurso ideológico dicotómico que contrapone democracia y autocracia, presente en la Guerra Fría, y destinado igualmente al consumo interno ante los posibles costes de la política que Estados Unidos y sus aliados han puesto en marcha y que ya el exsecretario de Estado en la época Trump, Mike Pompeo, había aplicado respecto a China. Incluso se habría especulado sobre la posibilidad de un cambio de régimen en Rusia.

Este hecho ha acentuado la rivalidad entre potencias en el espacio postsoviético y plantea preguntas sobre cómo afectará este conflicto al cumplimiento de los objetivos estratégicos a largo plazo de Estados Unidos, marcados por el ascenso de China, en el conjunto del sistema internacional.

A partir de este momento, a la luz de los costes del conflicto y de las sanciones impuestas por Estados Unidos y sus aliados, Rusia adquirirá previsiblemente una mayor dependencia de China y Estados Unidos deberá dedicar más atención y recursos en el corto y medio plazo a Europa oriental, un escenario, hasta ahora, de relevancia estratégica menor para la potencia norteamericana. Sin duda, China lo sabrá aprovechar. Además, acentuará la tendencia hacia la desglobalización y el desacoplamiento en el ámbito económico y comercial como resultado de la aplicación ya consolidada de estos instrumentos geoeconómicos.

Además del recrudecimiento de la rivalidad entre potencias, la Guerra de Ucrania consolida la conveniencia de un enfoque como el realismo neoclásico. Especialmente en lo que respecta a las decisiones en política internacional tomadas por Rusia, donde el protagonismo de Vladimir Putin, el líder político que puede marcar la diferencia en el proceso decisorio ruso, ofrece un ejemplo de la relevancia del rol del líder político y de sus preferencias en este ámbito, así como de la política doméstica y sus implicaciones a medida que el conflicto se vaya desarrollando y los costes de este se manifiesten en las potencias involucradas.

A pesar de todo, los elementos sistémicos siguen prevaleciendo como factor primario y es posible plantear, como demuestran las críticas de las élites rusas sobre la ampliación de la OTAN que se remontan a los años noventa, que el hipotético sucesor del presidente ruso difícilmente tendrá una visión muy diferente de los asuntos internacionales.

No es fácil saber cuál será el resultado concreto de la Guerra de Ucrania. Sí parece claro qué acentuará aún más la rivalidad entre grandes potencias y que las conclusiones de este libro sobre su mantenimiento a lo largo de los próximos años y décadas han resultado atinadas.

Juan Tovar Ruiz es Profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad de Burgos y autor de La política internacional de las grandes potencias (Síntesis)

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